Tumbado en la planta alta de mi casa,
miro la luna y las estrellas con dulzura.
El frío envuelve mi alma,
miro la luna y destilo memorias.
Lloro y río, me enojo y acepto la culpa.
Desafío la física y la luna lanza una carcajada.
Que hermosa eres, te pareces a la niña de mi pensar.
Que hermosa eres, inocentemente te ríes de mi penar.
Y aquí estoy tumbado, abriéndome la herida;
reusándome a sanarla.
Estoy aquí, acompañado por la luna,
por mis recuerdos y la soledad.
James R Soriano
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